Reflexión semanal
5 confrontaciones de Jesús
Cinco confrontaciones de Jesús que invitan a revisar la necesidad de aprobación, las prioridades, las posesiones, la comodidad y la imagen personal.

Jesús consoló, sanó y ayudó. También hubo momentos en los que señaló algo que una persona necesitaba cambiar. Estas cinco correcciones se han convertido en lecciones que he aplicado en distintos momentos de mi vida.
1. Cuando necesito que otros me hagan sentir importante
Jacobo y Juan le pidieron a Jesús los lugares de honor a su derecha y a su izquierda. Jesús respondió cambiando su idea de grandeza: «el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor» (Marcos 10:35–45).
Querer ser apreciados es humano. Pero, cuando necesitamos reconocimiento para sentir que valemos, comenzamos a compararnos y hasta podemos servir esperando aplausos.
¿Seguiría haciendo lo correcto si nadie me felicitara?
Más que buscar la aprobación y el aprecio de otros, yo mismo debería apreciarme, y mis acciones deberían llevarme a tener paz delante de Dios. Eso evita que tenga que buscar la aprobación de los demás y me hace menos vulnerable al rechazo y a la manipulación.
2. Cuando lo urgente desplaza lo importante
Marta estaba ocupada atendiendo a Jesús. Él no condenó su servicio; señaló lo que sucedía en ella: «afanada y turbada estás con muchas cosas». Luego le recordó que «solo una cosa es necesaria» en ese momento: detenerse a escucharlo (Lucas 10:38–42).
Podemos llenar el día de tareas legítimas y dejar siempre para después una conversación, una relación o nuestra vida con Dios.
¿Qué asunto importante está quedando para «cuando tenga tiempo»?
Una clave que me ha funcionado es hacer primero lo que considero importante, en lugar de esperar hasta tener suficiente tiempo. Lograr hacer lo importante es una decisión, no la consecuencia de que mis tareas y ocupaciones se acomoden.
3. Cuando espero que tener más me haga feliz
Un hombre le preguntó a Jesús qué debía hacer para heredar la vida eterna. Jesús, «mirándole, le amó», y le mostró lo que le costaba soltar. La conversación terminó de una manera reveladora: «se fue triste, porque tenía muchas posesiones» (Marcos 10:17–22).
Podemos pasar de un deseo al siguiente pensando que la próxima compra, posición o meta por fin nos dará satisfacción. Aquel hombre tenía mucho, pero lo que poseía no le dio libertad para seguir a Jesús.
¿Qué estoy persiguiendo como si al conseguirlo por fin fuera suficiente?
Siempre habrá alguien que tenga más que yo o que tenga cosas que yo quiero. Si me enfoco en lo que no tengo, viviré siempre infeliz. Si soy agradecido con lo que tengo, tendré energías y ánimo para perseguir la siguiente meta.
4. Cuando elijo la comodidad inmediata sobre el camino difícil
Jesús anunció que iría a Jerusalén, sufriría y moriría. Pedro quiso evitarlo: «en ninguna manera esto te acontezca». Jesús lo corrigió porque estaba mirando la situación desde sus expectativas humanas y no desde el camino que Él debía cumplir (Mateo 16:21–23).
Esto no nos llama a buscar sufrimiento. Nos llama a reconocer las ocasiones en las que sabemos qué debemos hacer, pero elegimos el alivio inmediato: posponer una conversación difícil, ocultar un error o abandonar una responsabilidad.
¿Qué estoy evitando únicamente porque el camino correcto es difícil?
El solo hecho de saber que tengo que hacer algo que no me gusta o que es difícil hace que mi día se sienta más pesado. Aquí, de nuevo, el consejo es actuar cuanto antes: es mejor no postergar aquello difícil, incómodo o desagradable que debo hacer.
5. Cuando cuido mi imagen y descuido mi interior
Jesús confrontó a líderes religiosos que eran cuidadosos con detalles visibles, pero dejaban «lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe». Por eso les dijo: «Limpia primero lo de dentro» (Mateo 23:23–28).
También nosotros podemos cuidar cómo nos ven los demás mientras dejamos pendiente pedir perdón, actuar con justicia o mostrar misericordia.
¿Qué cambio interior estoy sustituyendo por una buena imagen exterior?
Mi imagen exterior es importante para que otros me acepten, pero mi realidad interior es importante para que yo mismo me acepte y, sobre todo, para ser aprobado por Dios.
¡Me conviene ser corregido!

Estas cinco conversaciones nos incomodan, como una medicina amarga al paladar que produce un fruto agradable al sanar.
Elijamos una para comenzar esta misma semana.